Historia LGTB

El romance homosexual del emperador Julio César

Escuchar el nombre de Julio César es pensar en uno de los emperadores más poderosos y famosos de la Antigua Roma. Para él, llegar al poder no fue precisamente fácil: las constantes guerras con naciones vecinas, diferencias con el Senado romano e intentos de desprestigio eran algunos retos a los que se enfrentaba. Fue, precisamente, un rumor sexual de la juventud de Julio César el que el representó mayor problema y las ‘burlas’ de sus súbditos: el romance homosexual que tuvo con el rey de Bitinia, Nicomedes IV.

El joven Julio Cesar contrajo matrimonio a los 16 años con Cornelia, quien tenía apenas 13 años. Sin embargo, eso no fue pretexto para que Julio César mantuviera relaciones sexuales fuera del matrimonio. En una sociedad que siempre ‘celebró’ los encuentros carnales con otras personas (lo que hoy conoceríamos como adulterio), él siempre se sintió orgulloso de su vida sexual.

Aunque la homosexualidad en la Antigua Roma no era condenada (solo en el ejército lo era), la vida homosexual privada de las personas nunca debía salir de las cuatro paredes. Para los romanos, el hombre que asumía el rol de ‘activo’ era aquel que tenía un alto rango social y poder. En cambio, el ‘pasivo’ siempre fue considerado degradante, por lo que era asumido por los subordinados.

La «reina de Bitinia»
En medio de una guerra con Mitilene, una localidad de Grecia, Julio César tuvo la encomienda de acudir con el rey de Bitinia, Nicomedes IV. El objetivo de visitar al monarca era solicitar ayuda militar para atacar la isla griega. Sin embargo, el anciano rey había quedado admirado por la belleza de Julio César y su notoria habilidad política. La visita del joven patricio se había alargado más de la cuenta, por lo que algunos rumores empezaron a circular. Uno de ellos aseguraba que ambos hombres mantenían encuentros sexuales.

Tales rumores se intensificaron cuando algunos ayudantes del rey Nicomedes IV presuntamente llevaron al joven Julio César vestido de púrpura al dormitorio real, donde esperó la llegada del soberano. Como es de imaginarse, Julio César asumía el rol de ‘pasivo’. Para desgracia del futuro emperador, en todos los grupos sociales romanos se le empezó a conocer como la «reina de Bitinia».

Consciente de que estos rumores podían afectar de por vida su carrera personal y política, Julio César se casó dos veces más, procreó hijos (uno de ellos con Cleopatra, reina-faraona de Egipto) y siempre juró que los rumores eran falsos. De nada servían sus aseveraciones, pues en su ‘honor’ se creó una frase que lo acompañó por el resto de su vida:

«El marido perfecto de toda mujer y la esposa de todo hombre».

Solo son rumores
Aunque para algunos este romance homosexual de Julio César sea verídico, otros aseguran que se trataban solo de rumores empleados por los enemigos del emperador para destruir su carrera política. Además, aunque fueran ciertos, esto no afectó de ninguna manera su astucia política y militar para gobernar uno de los imperios más grandes y poderosos que ha habido en la historia de la humanidad.

 

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